Fue siempre
encontrarla desparramada por mi habitación,
sentir el fluido de tu misterio,
sublimar la cercanía de tu piel,
encontrarte en los parajes más distantes,
con sabor a lluvia y cristal,
ver la neblina que se levanta cercana,
la señora blanca, dices,
señalando en la distancia,
ahora somos tres los invitados.
La alquimia de tu silencio,
El verbo oculto y la piel caliente,
es lo trascendente que explota en tu mirada de Diosa,
precipitar tus espíritus básicos,
el tiempo es curvo -me dices-,
en cambio mi amor es infinito,
lleno de recuerdos pálidos,
como la alquimia de tu sonrisa.